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¡Socorro, nos ataca la comunicación!

Chiste

El célebre escritor español Lorenzo Silva acaba de anunciar que abandona Twitter. Hace algún tiempo, preocupado por el diálogo con sus lectores, no dudó en poner su correo electrónico en su página web y abrió un perfil en Facebook y otro en Twitter. Pero pronto decidió abandonar la primera “por su diseño descaradamente a favor de la compañía y sus intereses y harto enojoso para el usuario”.

Ahora deja la segunda cansado, sobre todo, por la incapacidad o poca voluntad de Twitter, más ocupada en “su hábil utilización de la curiosidad y otros automatismos del cerebro de los usuarios”, que en “controlar a los fans y trols que, buscando su minuto de gloria, se dedican a insultar e injuriar a todos”.

Pero lo más interesante de este episodio es el gran eco que ha tenido esta noticia en todos los medios (probablemente más que si el escritor hubiera anunciado que dejaba de escribir) y las quejas de muchos usuarios por su decisión. “Eres un personaje público y tenemos derecho a saber todo sobre ti y a opinar sobre ello” le han dicho con otras palabras los enfadados usuarios de las redes sociales.

Julio Llamazares, que se define a sí mismo como un “escritor raro” porque le da más valor a la privacidad que a la popularidad y se ha mantenido “alejado de esos instrumentos que nos exponen al juicio público más de lo inevitable por nuestro oficio”, y por lo que ha sufrido numerosas recriminaciones, cita a Oscar Wilde: “No hay ninguna razón para mostrar su vida al mundo, el mundo no entiende las cosas”. Ni las entenderá, añade Llamazares, “viendo cómo mucha gente emplea todo su tiempo en contar su vida por internet en lugar de ocuparse de vivirla de verdad”.

Pero estas críticas no son nada nuevo, al contrario, son ya avalancha. Por ejemplo, Sean Parker, el primer presidente de Facebook, se arrepiente de haber colaborado en su creación y nos alerta del supuesto daño a gran escala que podría hacer en varías generaciones, especialmente en el cerebro de los niños.

Parker afirma que todo se hizo de forma consciente: “¿Cómo podemos consumir la mayor parte de su tiempo? Teníamos que destilar dopamina de forma regular, o bien porque alguien le había dado al “me gusta” o porque habían comentado tu foto.” Y eso contribuye  a la creación de contenido, para, de nuevo, crear más contenidos y más “me gusta”.

Otro de los ingredientes es el factor social y la validación en bucle de los contactos: “Eso explota una vulnerabilidad de la psicología humana. Y los inventores de esto, tanto yo, como Mark (Zuckerberg), como Kevin Systrom (Instagram), y toda esa gente, (hoy, por supuesto todos multimillonarios), lo sabíamos, pero lo hicimos.”

Chamath Palihapitiya, otro antiguo alto ejecutivo de Facebook abunda en el mismo sentido: “Las redes sociales están desgarrando el tejido social, los ciclos de retroalimentación a corto plazo que hemos creado, impulsados por la dopamina, están destruyendo el funcionamiento de la sociedad. Sin discursos sociales, sin cooperación, con desinformación, con falsedad.”

Aquí podéis ver una muy interesante entrevista suya: htpps://www.youtube.com/watch?v=PMotykw0SIk        Si no queréis verla entera, os recomendamos del 18: al 21:20.

Por supuesto que no pretendemos estar diciendo algo muy nuevo, pero pensamos que ahora se trata, sobre todo, de una cuestión de grado o de la envergadura que está alcanzando el problema. Aquí tenéis tres botones de muestra recientes:

1- El 18% de los adolescentes en España usa internet de forma compulsiva. “Adicciones sin sustancias” es su nombre técnico. Y esta acaba de ser incluida en la gubernamental Estrategia Nacional contra la Adicciones.

2- Enviamos y recibimos más mensajes que nunca, pero nos sentimos también más solos que nunca. Siendo los jóvenes, de nuevo, el sector más afectado.

3- La avalancha de noticias cotidiana, en lugar de ayudarnos a comprender el mundo mejor, crea confusión y angustia, y propicia las posiciones simplistas y viscerales.

Quedaría por ver los efectos del resto de las nuevas tecnologías, en plena expansión y sin negar, evidentemente, su gran utilidad práctica: la importancia creciente de los algoritmos, del “Big Data”, la robótica, la inteligencia artificial, las nanotecnologías, el transhumanismo etc. Pero esto es algo que desborda con mucho las pretensiones y el espacio de este modesto artículo. Hemos preferido centrarnos en el aspecto que más nos concierne, el mundo de la comunicación.

Si el tema os ha interesado, primero, podéis leer la publicación precedente de mi colega y amigo James Evershed “If it bleeds, it leads”, cuyo contenido coincide en parte con el nuestro; y segundo, os recomendamos tres libros recientes que abordan estos temas:

El Círculo  –  Dave Eggers –  2013   En él está basada la película, con el mismo nombre, de James Pondsolt .

Parábola sobre los peligros de la era digital. Eggers nos recuerda cómo esta puede conducir a la “dataficación” de nuestra vida diaria.  En la sociedad distópica de Orwell el totalitarismo es impuesto, pero ¿y si fuéramos los cómplices en nuestra propia opresión? La novela tiene algunas repeticiones, pero su gran fuerza reside en el hecho de que cuando miramos al mundo de hoy podemos ver lo fácilmente que podríamos llegar a una sociedad así.

Atrapados, cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas  –  (The shallows: What the Internet is Doing to Our Brains)  –   Nicholas Carr  –  2011

En este divertido, pedagógico y brillante libro Nicholas Carr explora las consecuencias culturales e intelectuales del uso de internet. Internet acerca y reúne a las personas alrededor de una cantidad ingente de información, pero está cambiando nuestra capacidad de pensar y razonar de forma peligrosa. El problema no es el contenido de esa información, sino el proceso mental al acceder a ella.

 Je cherche à comprendre… Les codes cachés de la nature  –  Joël de Rosnay  –  2016

Joël de Rosny, docteur ès sciences a enseigné au Massachusetts Institute of Technology (MIT) et a été directeur de recherche à l’Institut Pasteur. Auteur de nombreux ouvrages, il est également conseiller du président d’Universcence et fut élu « Personnalité de l’économie numérique » en 2012.

A ceux qui comme Bill Gates, Elon Musk et Stephen Hawking craignent la mise en esclavage de l’humanité par l’intelligence Artificielle Joël de Rosnay leur oppose le concept de l’Intelligence Augmentée. Pour lui il y a une alternative au transhumanisme, c’est l’hyperhumanisme. Il évoque également comme Albert Einstein une spiritualité laïque (faire le bien autour de soi, donner, partager, construire ensemble notre avenir sur de valeurs qui respectent l’homme et la diversité) liée à l’émerveillement de l’unité et de l’harmonie de la nature.

 

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